Mexicanos en Jap‹n
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ENTREVISTA
Jose Eduardo Perez Valera, Sacerdote Jesuita


J. Eduardo Perez V. S.J. El se–or Jose Eduardo Perez Valera, sacerdote jesuita y catedr‡tico de larga carrera comparte sus experiencias con la comunidad mexicana por medio de una conversaci—n con el Sr. Feliciano L—pez Ortiz, representante de la AMJ, a continuaci—n reproducimos integro el saludo del se–or Jose Eduardo Perez Valera a la comunidad mexicana.

Me llamo Jose Eduardo Perez Valera. Soy sacerdote jesuita, He vivido cuarenta y dos a–os en Jap—n. He ense–ado treinta y tres a–os en la Universidad de Sofia. Me han pedido que les dirija un saludo, cosa que hago con mucho gusto.

Nuestro rasgo comśn es que somos mexicanos que vivimos en Jap—n. Me acuerdo con claridad de mi actitud hace cuarenta y dos a–os, cuando desembarque en Yokohama procedente de San Francisco, y mas remotamente, de "la Suave Patria". Tenia unos deseos enormes de aprender una cultura distinta a la m’a. Es una actitud sana que quisiera compartir con cada uno de ustedes. Cada uno tenemos nuestras preocupaciones. Una de ellas es el pan de cada d’a, para nosotros y para aquellos sobre los que tenemos alguna responsabilidad. Pero la actitud de aprender que les recomiendo es compatible con ese tipo de preocupaciones que todos tenemos. Implica una actitud de respeto al pa’s que nos ha recibido, de paciencia con costumbres, maneras de pensar y sentir que son distintas de las nuestras, prudencia para no tratar de imponer lo que hasta ahora ha sido "natural" para nosotros. Una actitud semejante nos llevara a querer a Jap—n, ha ampliar nuestros horizontes, y ha convertirnos en hombres y mujeres mejores. Como saben, la lengua japonesa es endiabladamente dif’cil. Como no le permit’a anunciar el Evangelio, Francisco Javier se refer’a a ella humoristicamente como a "la lengua del diablo". Cada uno de ustedes la necesita en un grado distinto. En todo caso, el aprendizaje de la lengua puede ser un ejercicio de esa actitud que les dec’a que conjuga el deseo de aprender, la paciencia, la apertura.

El entrar en contacto con una cultura distinta para vivir en ella suele implicar mas o menos profundo choque psicol—gico que es preciso asimilar. Por eso es importante hablar de nuestras experiencias, escuchar las reacciones de los dem‡s, entablar una conversaci—n enriquecedora y constructiva. Compa–eros y compatriotas que tienen en Jap—n mas tiempo que nosotros pueden ayudarnos mucho en ese sentido.

Un buen numero de ustedes sin duda ha recibido el bautismo, y querr‡ continuar en Jap—n la practica del Cristianismo. En ese sentido, creo que es importante su participaci—n en los sacramentos y sobre todo en el de la reconciliaci—n y la Eucarist’a. Ya han de saber que en la iglesia de San Ignacio hay una misa en espa–ol a la una y media, todos los domingos. Pero eso no es suficiente. Por el solo hecho de entrar en contacto con una cultura distinta, surgir‡n nuevas preguntas sobre su fe cristiana y sobre la religi—n en general. Esas preguntas pueden llevar a una crisis de fe y en el peor de los casos, a abandonar la fe. Pero tambiŽn pueden llevar a un enriquecimiento en la inteligencia de la fe y por consiguiente, en la manera de vivirla. En la iglesia de San Ignacio encontraran sin duda personas con quienes pueden conversar sobre esas cosas y que les dar‡n una ayuda adecuada.
Unas tres o cuatro veces al a–o me toca decir la misa en San Ignacio, el Domingo, a la una y media. Espero que tengamos la oportunidad de saludarnos de abrazo, de manera mas personal. Mientras tanto, rezo por la creciente comunidad mexicana en el Pa’s del Sol Naciente, y espero me incluyan en su oraci—n cuando recen por los pecadores.


Jose Eduardo, C.J.


ASOCIACION DE MEXICANOS EN JAPON
Feliciano L—pez Ortiz